He aparecido en miles de espejos y ninguno me decía nada.

No se de batallas. Yo era de muñecas. Y mis abuelos carecían de tristezas en su prodijiosa mente.

Caballos caballos, abrirme las nubes de mi alma¡¡¡ por mi Dios que no quiera llenarmela de rencor y odio¡¡¡

Pues porque bien sabe una mujer ya¡¡¡, mujer, bien mujer¡¡¡ que otro día tendría que llegar...


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